8 dic. 2011

De cuando fui a conocer "O mais grande collagista do mundo".

Collage de Mauricio Planel Rossiello.

Para desentrañar los secretos del gran collagista Mauricio me tomé una cucharada de tinta Pélikan con aditamentos secretos para transformarme en un pelicaniforme y así volar gratis desde Uruguay hasta Brasil. Una vez convertido en ave emprendí el viaje.
Llegar no fue nada fácil porque las aves de aquel país hablan sólo portugués y no se les entiende mucho, pero preguntando, preguntando, en una estación de servicio me dijeron de Mauricio.
Para poder entrar a su estudio usé una vieja triquiñuela y muté de ave a insecto transformándome en una mosca (¿qué? es fácil, ¿no vieron la película?). Así pude entrar en su estudio e instalarme en la esquina exacta del armario que da a espaldas del famosísimo artista, para espiarlo desde ese lugar.
Allí pude descubrirlo todo: el individuo, antes de ponerse a hacer collage alguno, se encomienda a unos dioses de plastilina que él mismo ha hecho cuando niño y sintoniza una estación de radio en la que escucha a una pitonisa que tira las cartas y adivina la suerte por teléfono. Hace calor, y debo agarrarme con fuerza cuando el collagista enciende el ventilador de techo mientras marca el número de la pitonisa. Cuando ésta empieza a leerle el futuro el collagista anota en un cuadernito números y elementos estrafalarios que apenas puedo leer.
Lo cierto es que al terminar su comunicación saca de un mueble apolillado (a punto de explotar por los cientos de recortes que contiene), una carpeta grasienta con un número etrusco escrito en la tapa. Luego, de un cajón de su escritorio saca dos dados, uno verde y luminoso, casi transparente, y otro viejo, rojo, como de nácar. El collagista se concentra y cierra los ojos transpirando mientras sacude los dados que arroja sobre la mesa. Por un instante los mira fijo como temiendo algún destino esquivo y acto seguido revuelve la carpeta buscando el sobre que lleva el número que acaban de revelar los dados.
Vacía el contenido del sobre en la mesa y 665 recortes caen de su interior (creo que se le quedó uno trabado adentro). Entonces se venda los ojos y tira la montaña de recortes hacia arriba generando una verdadera lluvia de imágenes de la que con la mano izquierda tomará apenas una. Una.  Inmediatamente sorbe un trago de una bebida aguardentosa color C50+Y100+K20 y vuelve a repetir todo el proceso. Semanas se pasa en este estado lamentable nuestro idolatrado collagista para apenas dar con las imágenes que va a usar.
No puedo negar que me costó mucho quedarme en mi lugar. Pero bastó que derramara su inmunda aguardiente sobre algunos papeles para que no pudiese evitar ir a succionarla. El collagista me espantó dos o tres veces pero creo que estaba algo borracho para cuando comenzó a dirigir su orquesta de pegamentos y tijeras. A un gesto suyo las trinchetas quedaban suspendidas en el aire y los papeles volaban superponiéndose y doblándose unos sobre otros . Los pinceles a su vez se lavaban el cabello preparándose para la acción y yo, cada tanto y para aplacar el hambre de tantos días, sorbía un trago de aquella deliciosa inmundicia que lo pegoteaba todo. Intenté volar pero ya casi no podía, borracho ahora yo también apenas si llegué hasta la frente del collagista que me espantó de revés. 
En el vuelo de regreso y ya al borde de la lámpara de dibujo logré ver parte de la magia, imágenes que comenzaban a metamorfosearse unas con otras, pinturas que hacían fondos que no eran sino el frente del tejado de una casa que era la pollera de una mujer lobo, y así. O el alcohol era muy fuerte. Yo estaba excitado porque lo que había venido a buscar estaba por suceder cuando empezó a sonar “Indios”, de Legión Urbana y el collagista subió el volumen del equipo al máximo perdiendo el poco control emocional que le quedaba. A los saltos cortaba, pegaba y pintaba sin parar, mientras yo, para no perderme nada volaba posándome ahora en su nariz, ahora en su frente mientras él hacía su magia y tomaba con frenesí una trincheta, un recorte, una témpera, un matamoscas.

1 comentario:

  1. Hermosísimo homenaje. Sería un lindo corto, y por supuesto hay que hacer un collage animado para contarlo.

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